La ciudad de Soria puede ser el punto de partida o el punto de llegada de muchos caminos. San Prudencio llegó a Soria atraído por la fama de santidad de Saturio, quien vivía a la orilla del Duero, en un oratorio excavado en la roca dedicado a San Miguel. Dice la leyenda que Prudencio atravesó a nado el río, poniendo en peligro su vida, pero llegó a la otra orilla sin mojarse, gracias a la capa de Saturio. Prudencio permaneció junto al Santo durante siete años, hasta que Saturio falleció. Entonces lo enterró en la cueva y se marchó a Calahorra (la Rioja), donde vivían muchos idólatras. Después se convirtió en obispo de Tarazona  (Zaragoza).

Cuando las reliquias de Saturio fueron descubiertas en el siglo XVI, ocuparon el altar mayor de la ermita, excepto la cabeza del Santo, que fue llevada a la Concatedral de San Pedro en Soria.

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Cueva y ermita de San Saturio (Soria). Foto: Sorianitelaimaginas

San Prudencio, según la leyenda, falleció en El Burgo de Osma (Soria), por lo que sus restos fueron enviados a su diócesis, sin embargo, se quedaron a medio camino en Monte Laturce (La Rioja), donde se construyó un monasterio dedicado a San Vicente. Una parte de los restos se trasladó después a Nájera, dejando la cabeza en Monte Laturce. Prudencio era natural de Armentia, por lo que es patrón de Álava.

El primitivo nombre de Tarazona es “Turiaso“, al parecer desde época romana. Podría estar relacionado con el río Turia, que desemboca en Valencia. Esta ciudad pudo ser punto de partida o de llegada de una ruta que comunicaría el Mediterráneo con el Cantábrico, siguiendo el curso del Turia, pasando por Tarazona. Puesto que “tur” puede significar “dar la vuelta”, pudo utilizarse como una ruta militar o comercial, de regreso desde algún lugar.

El Duero podría indicar una ruta de dos direcciones que enlazaría el Mediterráneo con el Atlántico, siguiendo el río hasta Portugal. Teniendo en cuenta que es el camino más corto para atravesar la Península y que estas rutas se hacían andando principalmente.

Tarazona tiene una leyenda sobre su fundación. Se dice que fue fundada por Tubalcaín, un personaje bíblico de una tribu de Asia Menor, “los tubal”. Según San Isidoro de Sevilla, fueron los antecesores de los íberos y de Iberia. Georgia está situada en la costa oriental del Mar Negro. Antiguamente estaba compuesta por dos regiones: Calcidia y la Iberia del Caúcaso, nombres que eran utilizados por los griegos.

 

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San Jorge y el dragón. Paolo Ucello, 1470

El nombre de Georgia parece que se debe a San Jorge, su santo patrón. La conversión al cristianismo fue temprana. Una leyenda dice que se debe a Santa Ninó, una santa del siglo III, natural de Capadocia. Tradicionalmente se piensa que era familia de San Jorge. Santa Ninó viajó a Iberia para buscar la túnica de Jesús. Su atributo es una cruz hecha de sarmiento de uva, símbolo del cristianismo georgiano.

San Jorge, en latín “Georgius”, fue un soldado romano de Capadocia que se convirtió al cristianismo. Durante las persecuciones de Diocleciano fue martirizado y decapitado en Nicomedia. La emperatriz Alejandra y una sacerdotisa pagana se convirtieron al cristianismo y murieron junto a él. La historia de San Jorge, la princesa y el dragón apareció en el siglo IX y se hizo muy popular en Europa y Asia Menor durante la Edad Media.

 

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La reina Tamara y Jorge III. Pinturas de Vardzia (1184-1186)

Georgia fue un reino medieval que conoció un importante desarrollo artístico y cultural en el siglo XII, coincidiendo con las Cruzadas, hasta la conquista por los mongoles, en el siglo XIII. Tamara de Georgia fue proclamada reina, gobernando junto a su padre, Jorge III, hasta la muerte de éste, y después en solitario. En estos años se alcanzó la mayor extensión del reino y se construyeron numerosos conventos e iglesias, entre ellos, el Convento de Santa Cruz en Jerusalén. Al mismo tiempo, los reinos europeos construían conventos, iglesias y fortalezas en Tierra Santa.

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Monasterio de Gelati (Georgia). Foto: Tripadvisor

La reina Tamara (1160-1213), aunque mucho más joven, fue contemporánea de Leonor de Aquitania (1122-1204), quien viajó a Antioquia durante la Segunda Cruzada, en 1147, para acompañar a su marido, el rey de Francia Luis VII. El matrimonio fue anulado por las desavenencias entre los esposos. contrayendo matrimonio en 1152 con quien, poco tiempo después, se convirtió en Enrique II de Inglaterra. En la corte de Poitiers tuvo un gran auge la lírica caballeresca y Leonor fue mecenas de numerosos trovadores.

 

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Retrato de Shotá Rustaveli. Monasterio de la Cruz en Jerusalén

Durante el reinado de Tamara de Georgia se escribe un célebre poema de la literatura georgiana, “El caballero en la piel de tigre”, que coincide en los temas con los poemas de caballería de la época. Su autor, Shotá Rustaveli, fue contemporáneo de Chrétien de Troyes, autor de los poemas del rey Arturo y el Grial.

El argumento de “El caballero en la piel de tigre” es la historia de un caballero que fue a buscar a una mujer, símbolo del sol, desterrada en un barco sin rumbo conocido. La mujer es la hija de un rey y es la amada del “Caballero de la piel de tigre”, que parece estar prisionero en una cueva, castigado por el rey. Por ello, el caballero, unido por la amistad, asume el deber de ir a rescatarla. Un tercer caballero les ayuda en la misión. Finalmente el caballero encuentra a la mujer perdida y el rey, el padre de su propia amada, heredera del reino del que procede, perdona su desobediencia. Los tres caballeros vuelven a sus respectivos reinos con sus amadas.

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Cipotegato. Tarazona (Zaragoza). Foto: Wikipedia

En Tarazona, el día de la fiesta de su patrón, San Atilano, se celebra la tradición del Cipotegato. En la plaza del Ayuntamiento se reúne una multitud antes de la salida del personaje. El Cipotegato aparece enmascarado, vestido con un traje de rayas de colores rojo, verde y amarillo. Lleva un palo del que cuelga una bola, atada a una cadena. Entonces, irrumpe en la plaza a través de un pasillo abierto entre la multitud por amigos y antiguos cipotegatos. La muchedumbre lo persigue para impedir que llegue a una estatua, donde será subido si sale triunfante.

Se dice que antiguamente se soltaba a un preso de la cárcel y se le daba la oportunidad de ser libre, si era capaz de salir del pueblo. La gente trataba de impedirlo. La tradición está documentada en la Catedral de Tarazona, a finales del siglo XVIII. Un personaje llamado “El pellexo de gato” persigue a los niños en la fiesta del Corpus Christi. La fiesta concluye con la “quema del sapo”, en la que se quema la imagen de un sapo o una rana.

San Atilano, natural de Tarazona, se convirtió en el primer obispo de Zamora. Fue un eremita en los Montes de León, junto a San Froilán. Su fama les llevó a fundar el Monasterio de Moreruela de Tábara (Zamora), siendo abad y prior respectivamente.

La leyenda cuenta que, San Atilano, antes de una peregrinación a Jerusalén, arrojó su anillo de obispo al Duero al pasar por el Puente de Olivares, pensando que, si Dios le perdonaba por dejar su cargo, encontraría de nuevo el anillo. Al regresar, decide alojarse en una hospedería y preparar un pescado para comer. Cuando lo preparan se encuentran el anillo arrojado años antes. En este lugar se construyó la ermita de San Atilano, convertida después en el cementerio de San Atilano.

El nombre de Támara de Campos, un pueblo de Palencia, no tendrá nada que ver con la reina de Georgia, pero en este pueblo existió un monasterio de la Orden de Jerusalén. Las fortalezas y conventos de las órdenes vinculadas a Tierra Santa fueron muy abundantes en Castilla y en todo el territorio peninsular en los siglos XII y XIII.

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Iglesia de San Juan de Duero (Soria)

En Soria están presentes los Caballeros hospitalarios de Jerusalén, caballeros del Temple, Orden de Calatrava, Orden de san Lázaro de Jerusalén y caballeros hospitalarios de santa Cristina de Somport. El monasterio de San Juan de Duero perteneció a los hospitalarios, orden conocida también como Orden de Malta. Allí se establecieron en 1134 bajo el reinado de Alfonso I el Batallador. Del monasterio se conservan la iglesia y el claustro, de estilo románico. La iglesia, de una sola nave, tiene dos templetes laterales. En el muro se encuentra el sepulcro de un fraile que sostiene un cáliz con una cruz.

“Lentamente caen las hojas secas al pasar/y el cierzo empieza a hablar, en una tibia mañana el sol asoma ya, no llega a calentar./Cuando divises el Monte de las Ánimas, no lo mires, sobreponte y sigue el caminar…”

“A la ribera del Duero existe un lugar, donde un caballero encontró la gloria que no sintió jamás y quiere descansar, borrando de su memoria traiciones y demás, borrando de su memoria pasiones y demás, el olvido del amor se cura en soledad…”

 

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Sepulcro románico de la iglesia de la Magdalena (Zamora). Foto: Proyecto cultural Zamora románica

Las órdenes militares estuvieron presentes también en Zamora. La iglesia de la Magdalena perteneció a la orden de los hospitalarios de Jerusalén. Aunque en su construcción se mezcla el románico con el gótico, se parece a la iglesia de San Juan de Duero. Tiene una sola nave y dos templetes laterales. En el muro hay un sepulcro románico. Popularmente se dice que es la tumba de un fraile. Por encima de la tumba hay un relieve de una mujer difunta, que yace en una cama y que parece elevarse junto a dos ángeles turiferarios. Una escena parece representar su alma en la Gloria.

 

Foto destacada: Manuscrito “El caballero en la piel de tigre”, siglo XVII. Foto:Wikipedia

Texto: Fragmentos de “Camino Soria” de Gabinete Caligari