«La sirena varada» es el título de una obra de teatro escrita por Alejandro Casona, en 1934. El tema de la película es el deseo del hombre de escapar de su realidad, aunque también la la necesidad de convertirse en adultos y hacer frente a las dificultades de la vida. El argumento es un drama tratado en clave de comedia, aunque podría haber sido una tragedia. Sin embargo, el autor otorga a sus personajes un final feliz.

La historia trata sobre un grupo de personas que se reúnen para vivir en un mundo de fantasía, donde no exista el sentido común, y donde lo considerado lógico sea el absurdo, la falta de lógica o razón. La aparición del personaje, llamado Sirena, cuya locura, o falta de sentido, es real, da inicio a un proceso en el que esa locura pasa a tener sentido, por la trayectoria vital del personaje, que va recuperando la razón, al tiempo que los otros personajes abandonan la fantasía por la necesidad de enfrentarse a un problema real.

Aunque lejanamente, el personaje de Sirena recuerda a la Hari de la película Solaris. Es un personaje que no tiene el tiempo o el lugar, y que ha surgido del mar. Sirena recupera el tiempo o el lugar al que pertenece, o su realidad, por dolorosa que esta sea, algo que no es posible para Hari, que se queda en un sueño, optando por acabar con su vida al darse cuenta de que no es una persona real. Ambos personajes evolucionan a lo largo de la película, hasta ser conscientes de si mismas. El protagonista, Ricardo, también evoluciona y alcanza la madurez, al enfrentarse a la realidad y aceptar una responsabilidad.

Margarita Xirgú y Pedro López Lagar en una escena de «La sirena varada», 1934. Foto: Wikipedia

Sin embargo, Kris Kelvin, el protagonista de Solaris, no evoluciona, se va del planeta igual que llegó, sin que nada haya cambiado en él, precisamente porque vive en un sueño, sin enfrentarse a la realidad. Quizá ha encontrado una justificación, pero no es real, puesto que la Hari del planeta Solaris, no es la misma mujer, ni lo es el tiempo ni el lugar, siendo una creación a partir de su mente. Por ello, no es posible esa reconciliación que le falta, con la tierra, o su hogar familiar, o con la realidad. No puede conseguir el reconocimiento de que no fue culpa suya, que era inevitable… quedándose también en un sueño. Además parece que el personaje ni siquiera lo entiende, por su mirada extrañada, como si fuera un niño decepcionado, que no sabe por qué no tiene lo que desea, es decir, no ser responsable de sus actos.

Escena de la película Solaris. Hari y Kris en la biblioteca de la estación espacial

Alejandro Casona consigue poner en escena «La sirena varada«, en 1934, «una pieza antinaturalista, definidora ya de su estilo poético, a la par que misterioso», o «misterioso a la asturiana», según se dijo. La crítica del momento le acusó de defender una evasión de la realidad, siendo la intención del autor, en realidad, todo lo contrario, queriendo demostrar que la fantasía está condenada al fracaso. Como autor, declara su compromiso de llevar al teatro las inquietudes y los problemas del mundo, sin entretenerse en los laberintos estéticos del arte por el arte. «Grande es ser artista, pero necesario es servir… y el teatro puede prestar espiritual servicio», como afirma él mismo.

Aunque en otro contexto, Tartovsky tiene una idea no muy diferente del arte y de su misión como artista en la sociedad. «No tenía por qué ser obligado a ser un mero trabajador del Estado soviético, que reflejase las maravillas de la política comunista, como solían demandarles a todos los artistas de su época». Su interés era el hombre y la vida misma, la verdadera decadencia de la espiritualidad en la sociedad moderna. Tartovsky es considerado un poeta del cine y exploró nuevas formas de la narrativa cinematográfica. Ingmar Bergman le definió como «alguien capaz de expresar lo que siempre había querido decir, sin saber cómo».

La siguiente película de Tartovsky, Stalker (1979), se basó en la novela «Picnic extraterrestre» de los hermanos Strugatski. Las películas de ciencia ficción eran toleradas con mayor facilidad por las autoridades soviéticas, al ser considerado un género menor. Sin embargo, existe una enorme distancia entre la película y la novela original, siendo el argumento adaptado por Tarkovsky para servir a un propósito diferente, expresando lo que el autor quería expresar, sin saber cómo. «Skalter» es una palabra inglesa que se ha traducido como «acechador» o «asediador», sin una traducción exacta al español. El diccionario lo define como «una persona que persigue algo con una atención obsesiva», o bien, para referirse a un cazador implacable, aunque esta es la traducción que se suele dar a la película «Blade runner». Quizá podría ser «acorralador», una traducción más exacta.

Tartovsky convierte una película de ciencia ficción en una alegoría del Estado comunista y del pueblo ruso. El stalker es el Estado y la esposa es el pueblo ruso que se ha casado con él, por diversas razones, aunque la gran mayoría lo rechaza o prefiere mantenerse al margen. El artista y el científico son los escépticos del sistema. La niña es la juventud rusa, quienes han nacido en ese sistema y no caminan por sí mismos, como si tuvieran que ser llevados en andas y no pudieran desarrollar su propia capacidad para andar, con los pies sobre la tierra. Tartovsky amaba profundamente a su país y a sus gentes y en este momento ya sabía que su marcha sería inevitable, por ello, la crítica es muy despiadada, porque sentiría odio y resentimiento, o estaría demasiado enfadado, al no poder cambiar nada.

El stalker ofrece la consecución de los deseos más íntimos, en un lugar más allá de la realidad ordinaria, en ese lugar acotado, separado por vallas y vigilado por el ejército, para que nadie pueda entrar, al que llaman «la zona«. Este lugar parece tener vida propia y la gente cree que actúa con una lógica que no se puede entender, por ello es peligroso. Quienes se aventuran allí necesitan ser guiados por un stalker. El viaje consiste en internarse en «la zona», burlando la vigilancia, para llegar al lugar donde se supone que se cumplen los deseos, una habitación, a la que hay llegar esquivando los peligros y los caprichos de «la zona».

Al comenzar la travesía por «la zona», el escritor quiere avanzar por sí mismo, por el camino más lógico. Algo le frena, quizá el miedo, volviendo a dejarse guiar por el stalker. En el camino se adivinan, en las sombras, huesos o esqueletos de lo que parecen pies, o también un cráneo junto a botellas viejas.

En esta ocasión, los viajeros son, en primer lugar, un escritor que ha perdido la inspiración, o el interés por seguir escribiendo, a pesar de ser reconocido y tener éxito. El segundo personaje es un científico, quien dice que se aventura en la zona precisamente por ser ese su interés, por una razón científica. A diferencia de otros viajeros, no son personas desesperadas, sino que les mueven otras razones. El stalker dice que no lo hace por dinero, sino por ayudar a personas desesperadas, que buscan una última esperanza para sus desgracias. Una de las condiciones para el viaje, es que no se puede desear dinero o bienes materiales. Tendrían que ser personas desesperadas dispuestas a dejarse llevar y tener fe, para creerse cualquier cosa. Podría interpretarse como un viaje por el laberinto del Minotauro, para quienes son arrastrados por un deseo o un sueño y acaban matando su razón.

El escritor se para y echa la vista atrás, hacia lo que podrían ser tumbas de pies perdidos y olvidados, de gente que perdió su capacidad de caminar por sí mismos, dejándose llevar por el stalker

A lo largo del viaje, se produce una transformación en el personaje del escritor, puesto que vence la presión de ser arrastrado por el miedo, que le llevaría a perder la lógica o la razón. La realidad es que estos tres personajes se marchan con su identidad real, que han intercambiado. El stalker es un artista del engaño, el escritor o artista, se convierte en un científico para sobrevivir, y el científico, era en realidad un loco, convencido de que debía poner una bomba en esa habitación para evitar una destrucción del mundo, por sus poderes tan peligrosos, aunque abandona su idea por las razones del escritor. Al final, ninguno de los tres entra en la habitación. Al ser preguntado, el stalker responde como razón, que él no lo necesita, que está bien como está, lo cual resulta extraño teniendo una hija con un problema.

Al llegar a la entrada de la habitación de los deseos, el stalker permite entrar a los viajeros, pero estos se niegan, evitando así perder sus pies y su razón.

De vuelta, ya en casa con su esposa, reconoce el error de aceptarlos como clientes, puesto que es necesaria la fe, para su elevada misión, aunque vuelve de la zona con un perro vagabundo que le sigue, aunque se dice que allí no se puede sobrevivir. El stalker y su esposa lo adoptan y lo alimentan. El perro representaría la fe y fidelidad sin razón, que es lo que desea el stalker. En cuanto al escritor, recupera la inspiración en sí mismo, mientras que, el científico, recupera la razón «científica».

La esposa explica sus razones. En cuanto a la hija, aparece en una habitación con la cabeza recostada en la mesa, sobre la que hay tres vasos. Uno corresponde al padre, con restos de una bebida, por lo que sería alguien borracho de sí mismo. En el vaso de la madre, parece que hay un huevo roto, la cáscara vacía, que indicaría que se ha roto la unión con la madre. El tercero es el vaso de leche de la niña, que se ha terminado. Podría significar que la futura Rusia podría desear no sentarse a esa mesa, o no formar parte de esa familia. Aunque, metafóricamente, no tuviera pies para caminar por sí misma, tendría cabeza para pensar, desear o tomar conciencia de sí misma, así como voluntad para cambiar.

El padre, la hija, la madre y el perro. El lago representa una tierra perdida y olvidada, que se ha quedado en un sueño.

La historia del comunismo en Rusia es también la historia del comunismo en Europa. Karl Marx fue un ideólogo cuyas teorías tenían como fin, frenar o acabar con el capitalismo que se estaba desarrollando en su tiempo. Su propuesta era crear una dictadura del proletariado, eliminando la nueva clase social emergente, que se corresponde con la burguesía y cuyo poder se basaba en el dinero, o beneficio de la actividad industrial. Sin embargo, aunque sus ideas se extendieron a nivel teórico e intelectual, no tuvieron éxito precisamente entre el proletariado, puesto que mejoraron sus condiciones de vida a través de los sindicatos y organizaciones de trabajadores, al margen de la política y de propuestas intelectuales. El comunismo no tuvo arraigo precisamente en el país más industrializado, que fue Inglaterra, donde, según Marx, estaba destinado a materializarse. Entre el proletariado y comunistas hubo, en realidad, una relación de desconfianza mutua. Los comunistas tampoco simpatizaban con los campesinos, puesto que, a pesar de su pobreza, tenían la aspiración de convertirse en pequeños propietarios, nada que tuviera que ver con el colectivismo u otras propuestas teóricas.

El comunismo fue minoritario en Europa, más allá de las universidades y círculos intelectuales que desarrollaban las teorías marxistas. Sin embargo, surgieron partidos políticos que quisieron ser el altavoz de las demandas sociales desde la política, creándose lo que se llamó socialismo o partidos socialistas.

Rusia era un país donde, teóricamente, no podía establecerse el comunismo, o una dictadura del proletariado, puesto que estaba escasamente industrializado, un 5% de la población frente a un 80% de campesinos, según explica Fernand Braudel en el libro «Las civilizaciones actuales», publicado en 1965. Lenin esperaba que la revolución rusa fuera respaldada por la revolución del proletariado en otros países europeos, algo que no ocurrió. La revolución triunfó debido a la participación de los campesinos, sometidos a un régimen prácticamente de esclavitud, y que habían sufrido, además, la participación rusa en la primera guerra mundial, alcanzando el número de bajas, los 1,7 millones de muertos.

Según Braudel, Lenin concedió la primacía sistemática a la política sobre lo social y lo económico, al partido, sobre la masa proletaria. A favor, forzando los términos, de un «primero»,es decir, «la política». La dificultad de construir el socialismo en un país donde no existía el capitalismo, le lleva a admitir que debían reconstruir el capitalismo, emprendiendo la industrialización del país. El capital necesario salió de la reforma agraria, aprovechando la situación caótica en el campo. Lenin tenía una visión geocéntrica y jerárquica similar al geocentrismo medieval, heredado de Aristóteles y que el marxismo reproduce. El poder fue tomado por una minoría de unas cien mil personas frente a diez o doce millones de campesinos. Se asegura que fue el mismo Lenin quien dijo que «Si el zarismo ha podido mantenerse durante siglos gracias a 130.000 aristócratas, terratenientes feudales, que ejercían poderes policiacos en sus respectivas comarcas, ¿por qué no vamos a mantenernos nosotros, partido de 130.000 afiliados, unas decenas de años ? . Sería como una conquista medieval cualquiera, donde los campesinos siempre pagan y lo mismo les da, unos que otros.

El comunismo o el socialismo utópico de finales del siglo XIX, proponía una sociedad igualitaria y cooperativa, sin lucha de clases ni propiedad privada, basado en la confianza en el progreso y la tecnología. No sabemos si es posible esa utopía final porque no ha sucedido todavía, una sociedad donde nadie pague todo eso. Aunque puede haber precedentes en la Antigüedad. Ya hemos hablado de que las ciudades- estado griegas, donde surgió la democracia, tenían una parte muy pequeña de ciudadanos en relación con la población esclava. Roma fue un Estado centralizado que se financiaba con las conquistas militares. La sociedad romana sufrió una gran transformación desde sus primeros tiempos, como una monarquía, pasando por una república y, finalmente, un imperio.

Luperca, también llamada «Loba capitolina». La unión de varias tribus fue el origen de Roma y del Estado romano, cuya forma original fue una monarquía. Rómulo y Remo representan una encrucijada, dos opciones, o dos direcciones para mantener el Estado de la recién creada ciudad, que conviven hasta que una se impone a la otra. Las dos opciones son una vía tradicional, de terratenientes que venden recursos, anclada en el pasado, limitada e inmovilista, o la expansión mediante el comercio y la conquista.

Antes de Julio César, la República se expandió por las costas del Mediterráneo con el interés de controlar las rutas comerciales en competencia con el imperio púnico o cartaginés. Esta competencia provocó la invasión de Hispania, que estaba controlada por los fenicios. Hispania tenía la importancia estratégica de permitir el acceso a las costas del Atlántico. Roma desarrolló una capacidad militar cada vez mayor que se fue agrandando a medida que aumentaban los territorios conquistados, superando finalmente al imperio cartaginés. Debido a la enorme expansión militar con Julio César, Roma se convirtió en un imperio, que dejó de centrarse en los intereses comerciales, puesto que dominaba un territorio equivalente a la Europa actual, norte de África y oriente próximo. Los ingresos procedían de una organización administrativa centralizada que se beneficiaba de las rentas de la explotación de los recursos con mano de obra esclava, así como las contribuciones de los pueblos sometidos, o tributarios. El ejercito se convirtió en la principal industria y el Estado, en la fuente de toda actividad y recursos. El Estado se convirtió en el proveedor de las necesidades de los ciudadanos romanos.

Poster de la película «Cleopatra», 1963. Egipto era el principal productor de trigo, por ello era importante la conquista. Foto: Getty images

Las transformaciones que experimentó el Senado romano, como principal órgano de gobierno durante la Republica, desde su origen, tras la monarquía, hasta el Imperio, reflejan los cambios en la estructura de la sociedad. El Senado comenzó siendo, durante la monarquía, un consejo de aristócratas, de un número de unas treinta personas. Evolucionó en número y composición, a medida que se producía la expansión territorial. Los «optimates» representaban a la aristocracia terrateniente, frente a «los equites» o «populares», es decir, personas enriquecidas por el comercio o los negocios. Podría parecer que es fácil hacer paralelismos con la actualidad, puesto que el primer político que se podría calificar como populista, fue Cayo Sempronio Graco (154-121 a.C.).

Acceder a la clase política supuso, en esos tiempos, el enriquecimiento rápido, debido a una confusión en el concepto del Estado, a pesar del freno del Senado que reprobaba estas conductas. Lo cierto es que se confundía el cargo con la propiedad de los bienes y territorios asociados, teniendo en cuenta que la expansión territorial era cada vez mayor.

Los plebeyos, o ciudadanos romanos con derecho de representación, eran representados por los tribunos de la plebe. Los tribunos de la plebe, cuyo origen era plebeyo, se enriquecían igualmente, puesto que el acceso a la política permitía el ascenso a otros cargos. El tribuno de la plebe fue un cargo creado en 494 a.C., motivado por una rebelión de la plebe frente a la oligarquía de la ciudad, que tuvo como consecuencia que los patricios sacrificaran algunos de sus privilegios. Representaba un contrapoder en oposición a los patricios y cónsules, siendo elegidos directamente por la plebe, en el llamado «concilium plebis«. Durante la República, su número osciló de uno a diez.

En el Senado se mantuvo la distinción entre senadores patricios y plebeyos. Julio Cesar aumentó el número de senadores proporcionando el orden senatorial a familias ecuestres, mandos militares o centuriones de origen provincial, lo que irritó a la nobilitas senatorial, siendo una de las causas de su asesinato. Finalizado el enfrentamiento entre Augusto y Marco Antonio, en 31 a.C., Augusto nombró a los senadores, entre familias tradicionales y sus partidarios, al tiempo que redujo los poderes del Senado, puesto que las provincias pasaron al control directo del emperador, además de asumir la potestad jurisdiccional.

El poder de Octavio Augusto en Roma, su «auctoritas», según él mismo, se debió a los poderes que le fueron delegados por el Senado y el pueblo, su vasta fortuna privada y sus numerosas relaciones patrón-cliente establecidas en todo el Imperio. Augusto financió, con su gran fortuna, las calzadas romanas de Italia y asumió el control de la mayor parte del mundo romano. El envío de trigo de Egipto a Roma se entiende como una concesión o favor de Augusto al pueblo, puesto que asume el control de esta provincia y de otras muchas. Tenía también el control de la mayor parte de las legiones. Las provincias y legiones bajo el mando del Senado quedaron muy reducidas.

El personaje de Octavio Augusto en la película «Cleopatra»

Augusto asume la tribunicia potestas, puesto que, siendo patricio, era imposible ocupar el cargo de tribuno de la plebe, lo que, además de convertirle en una figura sacrosanta, le daba el derecho de veto y autoridad para convocar al Senado. La «potestas» significa una obligación hacia alguien, como sería, en el caso de un menor de edad, la patria potestad, pero también la capacidad de decidir por él. El envío de trigo a Roma se realiza en ese ejercicio de la potestas, así como la construcción de edificios y servicios públicos. Los ciudadanos romanos abandonan la actividad industrial o comercial, puesto que la mano de obra era esclava y la actividad comercial es asumida por extranjeros. Las élites romanas eran grandes consumidores de productos de lujo de procedencia oriental, de precios elevados, lo que contribuía a un desequilibrio cada vez mayor de la balanza comercial. No significa que los romanos no pudieran ejercer actividades industriales o de negocios, sino que se hacía dentro de un sistema clientelar, de concesiones de arriba abajo. En Roma, como en todas las ciudades en general, vivían los funcionarios públicos y altos cargos. Los hijos de los romanos servían en el ejército y cuando eran veteranos se les entregaban tierras. Octavio Augusto expropió tierras en Italia para entregarlas a los veteranos.

Como bien se refleja en sus apelativos, Octavio se convirtió en Imperator, es decir, jefe de los ejércitos, Pater Patriae, y César Augusto, que podríamos interpretar como «guía y fuente de bienes y servicios» que se expanden de forma concéntrica a su alrededor, o de arriba abajo. El imperio no tardaría en sufrir la crisis económica, a pesar de todos los recursos con los que contaba, por el gasto continuo, que superaba a los ingresos, procedentes de los impuestos recaudados en las provincias.

El Imperio romano no es lo mismo que una tiranía, como se entendía en Grecia, puesto que una tiranía surgía de la rebelión de los ciudadanos contra los oligarcas, resultando un nuevo gobernante que acumulaba todos los poderes. Más bien se trataría de la degeneración de la dictadura. En la República romana, un dictador era una magistrado investido de poder absoluto, temporalmente.

Según el historiador griego y teórico político, Polibio (200 a.C-120 a.C.), conocido por su anaciclosis, teoría que describe la sucesión cíclica de sistemas políticos, existen seis tipos de estructuras de gobierno: monarquía, aristocracia y democracia, que se corresponden con su correspondiente degradación: monarquía en tiranía, aristocracia en oligarquía y democracia en oclocracia. Opinaba que Roma conservaba su poder porque combinaba, de forma equilibrada, las tres formas: consulado, equivalente a realeza: el Senado a la aristocracia y democracia, en los comicios. En su opinión, Cartago mantenía este equilibrio pero no era tan perfecto. No sabemos cómo hubiera descrito la caída de la Republica y la transformación en Imperio, si hubiera vivido ese momento, o que tipo de degradación le hubiera atribuido.

El personaje de Nerón en la película «Quo vadis?» (1951)